¿Quién no se siente bien cuando lo llaman por su nombre?
(Bueno… a menos que sea tu nombre completo… «¡SAMUEL ENRIQUE GONZ…!»
Y, claro, tu mente empieza a repasar: «¿Qué habré hecho esta vez que mi madre se ha dado cuenta?»).
Las marcas lo saben. Por eso hacen todo lo posible por recordarte su nombre de múltiples maneras.
Pero detrás del nombre siempre hay personas. Por muy automatizado que esté el proceso, lo que realmente queda en la memoria es cómo te atendió el cajero, cómo te hizo sentir esa interacción humana.
Puedes conocer a muchos Juanes y Marías, pero ninguno será igual al otro.
Lo mismo ocurre con las marcas. El nombre ayuda a que te ubiquen rápidamente, pero si no hay algo que lo respalde, solo serás uno más ofreciendo un servicio.
Ese fue parte del trabajo que realicé en BOM RADIO, Benidorm:
Lograr que los clientes y patrocinadores asociaran la marca no solo con un nombre, sino con una experiencia. Y no solo eso, sino que más allá de visitar otras emisoras, compartieran ese nombre con orgullo: en sus historias de Instagram, en sus perfiles, ¡en todos lados!
¿Cómo lo logramos? Muy sencillo: transformando estas fotos en algo mucho más significativo…
…y luego de dos meses…
…pasamos de estos números a estos otros.
¿Fue por el nombre? No, fue por la experiencia.
